Estudio afirma que la acera bici reduce los riesgos de accidente ciclista en Sevilla sin preocuparse de conocer las causas de los accidentes previos a las aceras bici

Un artículo realizado por Ricardo Marqués y Vicente Hernández-Herrador, socios de A Contramano (asociación que defiende las vías ciclistas segregadas como fórmula para promocionar el uso de la bicicleta), llega a la conclusión de que la construcción de una red de aceras bici bidireccionales en la ciudad de Sevilla redujo a la mitad el riesgo de circular en bici por la ciudad. El artículo ha sido recientemente publicado en la revista científica Accident Analysis and Prevention y puede consultarse aquí.

El estudio define “riesgo” como el número de colisiones con ciclistas implicados dividido por los millones de desplazamientos en bicicleta al año. El periodo estudiado fue entre los años 2000 y 2013, es decir siete años antes y siete años después de la creación de la red de vías ciclistas segregadas de la ciudad. Para realizar el estudio tomaron los datos publicados por la DGT relativos al número de accidentes producidos y al número de heridos provocados (leves, graves y fallecimientos). Los datos utilizados para realizar este análisis pueden consultarse en (SIBUS, 2015, pp. 25-29).

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Tal y como ya analizamos en su momento el mencionado estudio aquí, volvemos a señalar que los autores de este estudio comparan el número de accidentes y su gravedad entre los años anteriores y posteriores a la construcción de la red de aceras bici. Sin embargo, desconocen las causas de los accidentes ciclistas ocurridos antes de la existencia de dicha red y, además, tampoco saben cuál era la ubicación del ciclista implicado (¿en la acera, pegado a la derecha de la calzada o en el centro del carril de la calzada?). Por tanto, los autores afirman que la red de aceras bici redujo el riesgo de accidente desconociendo los datos imprescindibles para saber los motivos por los cuales ocurrieron colisiones entre bicicletas y otros vehículos antes de la construcción de dicha red. Y, lógicamente, no pueden saber si dichas colisiones se habrían evitado circulando por una acera bici bidireccional. Los autores del mencionado estudio desconocen:

  • ¿dónde se produjo el accidente?: ¿el ciclista iba por acera o por calzada?; ¿en intersección, en recta?, …
  • ¿dónde estaba ubicado el ciclista?: ¿en el lateral derecho de la calzada o en el centro del carril de la calzada?
  • ¿Era de noche? ¿El ciclista llevaba luces?
  • ¿Alguien no respetó alguna señal de tráfico?

Por todo lo expuesto podemos decir que el estudio presentado no tiene información ni fundamentos para decir que circular en bici por la acera bici bidireccional sea más seguro que hacerlo por el centro de un carril de la calzada urbana, pues por los datos aportados no se sabe qué ocurrió, ni por dónde circulaba la bicicleta, ni qué hacían los implicados cuando no había acera bici.

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De hecho, a día de hoy no hay ningún estudio científico que haya demostrado que circular por una vía ciclista segregada en la ciudad sea más seguro que hacerlo por el centro de un carril de la calzada urbana.  Mulvaney et al. (2015), tras una reciente y basta revisión bibliográfica de las investigaciones científicas de mayor calidad realizadas en diversos países sobre la seguridad de las infraestructuras ciclistas, aseguran que no existen evidencias que demuestren la efectividad de los carriles bici para evitar colisiones.

Por otra parte, el estudio de Marqués y Hernández-Herrador realiza el análisis del riesgo a circular en bici por Sevilla tomando 13.000 como el número de usuarios diarios de la bicicleta en 2006, antes de la construcción de la red de aceras bici (SIBUS, 2015, Figura 2, pág. 12). Sin embargo, este número no corresponde con los publicados por el Ayuntamiento de Sevilla en el Plan de la Bici de Sevilla (2007, página 20) que asciende a 41.138 usuarios diarios, ni tampoco por los tomados de la Junta de Andalucía (2007) los mismos autores (SIBUS, 2011 págs.17-18). Ninguno de los redactores de este Plan de la Bici de Sevilla se esperaba este resultado previo a las aceras bici pues, según sus propias palabras, “es un cifra sorprendente” (Plan de la Bici de Sevilla, 2007, p. 20). Según estos datos, la ciudad de Sevilla era en 2006, antes de la construcción de la red de vías ciclistas segregadas, una de las ciudades españolas donde más se usaba la bicicleta. De hecho, ya lo era en 1986 cuando 31.500 bicicletas diariamente circulaban por esta ciudad (Sevilla es la ciudad española en la que más se usa la bicicleta ABC, 12 agosto de 1986, p. 29).

Para finalizar, como ya hicimos aquí y aquí, volvemos a señalar la necesidad de obtener y trabajar con datos útiles y fiables para analizar la siniestralidad ciclista. Y, de esta manera, acercarnos mejor al conocimiento de la realidad para diseñar justificadamente y de forma honesta las políticas de promoción del uso de la bici como medio de transporte, lejos de la influencia que ejerce el miedo y la ideología.

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